01 octubre 2009

La jet set golpista hondureña ya no puede volar a Miami


La decisión de Barack Obama y Hillary Clinton de retirar los visados a los líderes del régimen golpista en Honduras -casi todos ellos integrantes de la alta sociedad hondureña- ha provocado pánico en las clases de frequent flyers de la ruta Tegucigalpa Miami.

La detención del millonario Adolfo Facussé -miembro de una de las familias más ricas del país- que fue sacado de un avión tras aterrizar en Miami desde Honduras por policías armados y deportado, es motivo de miedo escénico en los malls de lujo en San Pedro Sula. Y no hay nada más mosqueante que ver que Manuel “Mel” Zelaya -el presidente del pueblo- ha podido colarse por la frontera miltarizada gracias al apoyo logísitico de Brasil mientras tú -pasajero de business elite- no puedes ni cruzar hasta South Beach, ni hablar de Copacabana. Todo por la alianza entre esos comunistas disfrazados Lula y Obama.

Pongamos el caso, por ejemplo del trío de diputadas golpistas e hijas de grandes fortunas hondureñas, conocidas como las “chicas superpoderosas” según el periódico opositor El Libertador. Se trata de Lizzy Flores, Marcia Facusse Andonie de Villeda -sobrina y prima, respectivamente de Adolfo Facussé- y Mirna Castro, todas miembros de familias oligárquicas de las que viven a caballo entre Miami y Tegucigalpa. Marcia reconoció la semana pasada que se le ha retirado la visa estadounidense. Mirna y Lizzy corren el mismo riesgo

Las tres superpoderosas son miembros de la jet set hondureña -una decena de familias que controlan la economía del país y exigen la última palabra en su gestión política- que sencillamente no puede sobrevivir sin sus visitas de compras, de atención medica, o reuniones con el lobby cubano en Miami. Y no sólo se les niega acceso a Ocean Drive o Little Havana. Con las últimas sanciones españolas, la calle Serrano también es tierra prohibida, hasta la calle Genova…

Tal y como informa el Libertador en su último número las tres diputadas acaban de efectuar una gira mundial, incluida una estancia en el Grand Hotel de Moscú, donde las tres probaron trajes de pieles imposibles de lucir en el clima tropical de Honduras. También fueron fotografiadas mientras recibían masaje y pedicura en Beijing. “Marcia, Mirna y Lizzy necesitaban desestrarse tras tener que lidiar con un pueblo chusma y juco como el hondureño”, ironiza el periódico. Ahora los viajes de compras van a ser mucho más difíciles.

Las tres superpoderosas son las caras más fotografiadas del golpe. Marcia Facussé Andonie de Villeda, es sobrina del gran inversor y magnate de la agroindustria Miguel Facusse, poder fáctico y uno de los personajes detrás del golpe, el Tio Mike para Marcia. Diputada del Partido Liberal, Marcia es una de las colaboradores más estrechas del presidente de facto Roberto Micheletti, un perfecto enlace entre el gobierno y el Tio Mike.

Lizzy Flores, es hija del ex presidente Carlos Flores Facussé -terrateniente y dueño del diario La Tribuna donde Lizzy escribe columnas en defensa del golpe. Es mujer de otro magante Freddy Nasser. Mirna Castro, de 44 años, “rubia por decisión propia” segun el Libertador, fue nombrada secretaria de Cultura por Micheletti. Después de acompañar a Marcia y Lizzy en su gira mundial, Mirna canceló la financiación del Patrimonio Arqueológico de Honduras, el proyecto “Retratos del pueblo” y las Etnias de Honduras, por considerarlos excesivamente populistas.

Marcia Facusse es la más poderosa de las superpoderosas y difícilmente soportará vivir sin las visitas a la derecha republicana en Miami. Aprovechó sus encantos para entrecruzar los dos titanes de la oligarquía hondureña -los Facussé y los Ferrari- al casarse con José Manuel Villeda Ferrari, sobrino del gigante de las telecomunicaciones privatizadas en Honduras, Rafael Ferrari. Los varios canales de Ferrari han garantizado una cobertura perfecta para Micheletti en la que las grandes movilizaciones anti golpe jamás salen en la tele. Es prima de Carlos Flores Facusse, así que Marcia comparte sangre con Lizzy Flores además de una debilidad por los malls de shopping. Durante su estancia en Moscú el mes pasado Marcia pudo pasear un vestido de pieles cuyo valor -según el Libertador- asciende a unos 2.000 dólares.

Honduras, dicho sea de paso, es el segundo país más pobre de Centroamérica y el más desigual. El 65% vive en pobreza y el 20% más rico consume el 75% de bienes y servicios. Es más, crece la marginacion como la espuma en estos momentos debido, en parte, al impacto económico del golpe.

Hay también una cuarta chica superpoderosa del régimen golpista, aunque ella da menos juego a la prensa del corazón. Es la vicecanciller del gabinete de Micheletti, Marta Lorena Alvarado, miembro destacado del Opus Dei, autora de un proyecto de ley, vetado en su día pro Zelaya, que prohibe la píldora anticonceptiva de emergencia. Marta era protagonista de un documental del canal conservador español Intereconomia en el cual -con un discurso aún anclado en la guerra fría-, insistía en que sentía orgullo de encabezar la lucha contra el comunismo.

Pero Estados Unidos ya no es el baluarte anticomunista que era con Reagan y Bush. Lorena Alvardo también perdió su visado la semana pasada tras una reunión con la congresista de la ultra derecha cubana en Miami Ileana Ros Lehinter en Coral Gables, el barrio de alto standign hispano de Miami. Perder el visado “no me quita sueño” -insistía Marta el martes en Tegucigalpa-, sin parecer estar del todo convencida.

18 noviembre 2008

USAmérica, la iletrada


Por: Chris Hedges

Vivimos en dos USAméricas. Una USAmérica, ahora la minoría, funciona en un mundo letrado, basado en la palabra impresa. Puede lidiar con las complejidades y tiene las herramientas intelectuales para separar la realidad de la ilusión. La otra USAmérica, que constituye la mayoría, existe en un sistema de creencias basado en la irrealidad. Esta USAmérica, dependiente de imágenes habilmente manipuladas para su información, se ha desligado de la cultura ilustrada basada en la letra impresa. No puede diferenciar verdades de mentiras.

Se informa a través de narrativas simbolísticas infantiles y clichés. La ambigüedad, los matices y la autoreflexión la sumergen en confusión. Esta división, más que la de clase, raza o género, más que la de rural y urbana, creyente o no, republicana o demócrata, ha separado al país en entidades radicalmente antagónícas e imposibles de reunir.

Hay más de 42 millones de USAmericanos adultos, 20 % de los cuales son graduados de secundaria, que no pueden leer, así como unos 50 millones que leen a nivel de cuarto o quinto grado. Cerca de un tercio de la población es iletrada o apenas mínimamente ilustrada. Y ese número aumenta a razón de unos dos millones por año. Pero aún los supuestamente educados se refugian en grandes números en esta existencia basada en imágenes. Una tercera parte de los graduados de secundaria, junto con 42 % de los graduados universitarios, nunca leyeron un libro después de culminar sus estudios. El año pasado, el ochenta por ciento de las familias USAmericanas NO compraron ni un solo libro.

Los iletrados rara vez votan, y cuando lo hacen no tienen la capacidad de tomar decisiones basadas en información textual. Las campañas políticas USAmericanas, que han aprendido a hablar en la reconfortante epistemología de las imágenes, substituyenen las ideas y los programas políticos por frases baratas y calmantes narrativas personales. La propaganda política ahora se disfraza de ideología. Las campañas políticas se han convertido en experiencias que no requieren habilidades cognitivas o autocríticas. Se han diseñado para encender sentimientos seudoreligiosos de euforia, empoderamiento y salvación colectiva. Las campañas exitosas son instrumentos sicológicos cuidadosamente diseñados que manipulan estados de ánimo, emociones e impulsos públicos inestables, muchos de los cuales son subliminales. Estas campañas crean un éxtasis público que anula la individualidad y propician un estado de falta de sentido. Nos empujan a vivir un eterno presente. Mantienen una nación viviendo en amnesia permanente. Estilo y cuento, en vez de historia y realidad, son los que informan nuestra política y nuestras vidas. Preferimos ilusiones felices, y funciona porque tanta parte del electorado, incluyendo aquellos que deberían saber más, votan por sonrisas, consignas, instantáneas familiares y la percepción de sinceridad y el atractivo de los candidatos. Confundimos nuestros sentimientos con conocimiento.

Los iletrados y semiletrados, una vez que las campañas terminan, siguen sin poder. Todavía no pueden proteger a sus niños de las escuelas públicas disfuncionales. Aún no pueden entender los préstamos predadores, las intricadas cláusulas de las hipotecas, los contratos de las tarjetas o de las líneas de crédito que los llevan a la quiebra y a la bancarrota. Ellos siguen luchando por comprender detalles básicos de su rutina diaria como leer instrucciones de los medicamentos o llenar formas bancarias, documentos para préstamos para adquirir vehículos, planillas de beneficios por desempleo o papeles del seguro. Asisten, sin comprenderla, a la pérdida de centenares de puestos de trabajo. Son rehenes de las marcas, que vienen con imágenes y consignas, que a su vez son lo único que entienden. Muchos comen en restaurantes de comida rápida no sólo porque son más baratos, sino porque pueden solicitar la comida a través de imágenes en vez de menús. Y quienes les atienden, también iletrados o semiletrados, marcan las órdenes en cajas registradoras cuyas teclas vienen marcadas con símbolos e imágenes. Este es nuestro nuevo mundo feliz.

Los líderes políticos de nuestra sociedad post-ilustrada no necesitan más ser competentes, sinceros u honestos. Sólo necesitan aparentar tener estas cualidades. Más que todo, necesitan una historia, una narrativa. La realidad de ese cuento es irrelevante, y puede ser completamente opuesta a los hechos: la consistencia y el atractivo emocional de esa narrativa es lo que cuenta. La habilidad más esencial en el teatro político y en la cultura del consumo es el artificio. Los que dominan el artificio tienen éxito, los demás fallan. En una era de imágenes y entretenimiento, en una era de gratificación emocional instantánea, nosotros no buscamos ni queremos honestidad. Pedimos ser mimados y entretenidos con clichés, estereotipos y narrativa mítica que nos diga que podemos ser quiequiera que queramos, que vivimos en el país más grandioso de la Tierra, que estamos provistos de cualidades físicas y morales superiores y que nuestro glorioso futuro está predeterminado, sea por nuestros atributos como USAmericanos o porque somo bendecidos por Dios, o ambos.

La habilidad de amplificar estas sencillas e infantiles mentiras, la de repetirlas y tener otros substitutos repitiéndolas en un ciclo ininterrumpido de círculos noticiosos les dá a estas mentiras la cualidad de una verdad incontrastable. Se nos alimenta repetidamente con palabras y frases como "Sí, sí podemos", "rebelde", "cambio", "pro-vida", "esperanza" o "guerra contra el terrorismo". Es tan dulce el no tener que pensar. Todo lo que tenemos que hacer es visualizar lo que deseamos, creer en nosotros mismos y convocar esos ocultos recursos interiores, sean divinos o nacionales, que hacen que el mundo se amolde a nuestros deseos. La realidad nunca es impedimento para nuestra superación.

The Princeton Review analizó las transcripciones de los debates Gore-Bush, los de Clinton-Bush-Perot en el '92, los de Kennedy-Nixon del '65 y los de Lincoln-Douglas de 1858. Se revisaron las transcripciones con una prueba de vocabulario referencial que indica el mínimo nivel educativo requerido para que un lector pueda entender el texto. Durante los debates del 2000, Bush habló a nivel de sexto grado (6.7) y Al Gore a nivel de séptimo grado (7.6). En los debates de 1992, Clinton habló a nivel de séptimo grado, mientras que George H. W. Bush y H. Ross Perot lo hicieron a nivel de sexto (6.8 y 6.3 respectivamente). Kennedy y Nixon se expresaron en lenguaje de décimo grado. Los debates de Abraham Lincoln y Stephen A. Douglas se manejaron a nivel de 11.2 y 12.0. En pocas palabras, la retórica política de hoy está diseñada para ser comprensible a un niño de 10 años o a un adulto con nivel de comprensión de lectura equivalente al de sexto grado. Se ajusta a este nivel de comprensión porque la mayoría de los USAmericanos hablan, piensan y se entretienen a este nivel. Por esta razón es porqué las películas serias y el teatro y otras manifestaciones artísticas serias, así como periódicos y libros, están siendo empujados al borde de la sociedad USAmericana. Voltaire fue el hombre más famoso del siglo dieciocho. Hoy la "persona" más famosa es Mickey Mouse.

En nuestro mundo post-letrado, debido a que las ideas son inaccesibles, hay una constante necesidad de estímulo. Noticias, debate político, teatro, arte y libros se evalúan no en base al poder de las ideas sino en la capacidad de entretener. Los productos culturales que nos obligan a examinarnos a nosotros mismos y a nuestra sociedad son condenados por elitistas e impenetrables. Hannah Arendt alertó que la mercantilización de la cultura lleva a su degradación, que crea una nueva clase de celebridades intelectuales que, a pesar de ser ilustrados y bién informados, ven su rol en la sociedad el de persuadir a las masas que "Hamlet" puede ser tan entretenido como "El Rey León", y quizás también igualmente educativo. "La cultura", escribió, "está siendo destruida para producir entretenimiento".

"Hay muchos autores del pasado que han sobrevivido siglos de olvido y negligencia," sigue Arendt, "pero es aún una incógnita saber si sobrevivirán una versión entretenida de lo que trataron de transmitir."

El cambio de una sociedad basada en la escritura a una basada en las imágenes ha transformado nuestra nación. Enormes segmentos de nuestra población, especialmente aquellos que viven en el regazo de la derecha cristiana y de la cultura del consumo, están completamente desligados de la realidad. Ellos carecen de la capacidad de indagar en busca de la verdad y de afrontar racionalmente nuestras crecientes enfermedades sociales y económicas. Ellos buscan claridad, entretenimiento y orden, y están dispuestos a usar la fuerza para imponer esa claridad a otros, particularmente a aquellos que no hablan o piensan como ellos. Todas las herramientas tradicionales de las democracias, incluyendo la verdad científica e histórica libre de pasiones, los hechos, las noticias y el debate racional son instrumentos inútiles en un mundo que no posee la capacidad de usarlos.

A medida que descendamos en una devastadora crisis económica, que Barack Obama será incapaz de detener, habrá decenas de millones de USAmericanos que serán despiadadamente puestos de lado. Mientars sus casas sean confiscadas por incumplimiento de pago, mientras pierden sus trabajos, mientras sean forzados a declararse en quiebra y vean sus comunidades colapsar, se retraerán aún más en la fantasía irracional. Van a ser conducidos hacia rutilantes y autodestructivas ilusiones por nuestros modernos encantadores-nuestros anunciantes corporativos, nuestros predicadores charlatanes, nuestras celebridades de los noticieros televisivos, nuestros gurues de autoayuda, nuestra industria del entretenimiento y nuestros políticos demagogos-quienes ofrecerán formas cada vez más absurdas de escapismo.

Los valores medulares de nuestra sociedad abierta, la capacidad de pensar por sí mismos, de expresar disenso cuando el juicio y el sentido común indican que algo está errado, de ser autocríticos, de confrontar la autoridad, de entender los hechos históricos, de discernir entre verdades y mentiras, de luchar por el cambio y reconocer que hay otros puntos de vista, diferentes maneras de ser que son moralmente y socialmente aceptables, están muriendo. Obama usó centenares de millones de dólares de los fondos de campaña para cautivar y manipular esta irracionalidad y falta de ilustración a su favor, pero esas fuerzas serán su más mortal némesis cuando colidan con la horrorosa realidad que nos espera.

Fuente:

http://www.commondreams.org/view/2008/11/10-6

Traducido por Franco Munini, miembro del colectivo de traductores por la diversidad lingüística Tlaxcala.

02 noviembre 2008

Noam Chomsky: La campaña y la crisis financiera en los EE.UU

Nuevo modelo de Urinario a la venta en los EE.UU


Por: Noam Chomsky
Fecha de publicación: 02/11/08


La confluencia de la campaña presidencial en Estados Unidos y de la crisis financiera presenta una de esas ocasiones en que los sistemas políticos y económicos revelan escuetamente su naturaleza.

La pasión por la campaña puede no ser compartida de manera universal, pero casi todo el mundo puede sentir ansiedad ante la extinción del derecho de redimir hipotecas en millones de viviendas, o temer por sus trabajos, los riesgos que corren sus ahorros, o el cuidado de la salud.

Las propuestas iniciales de George W.

Bush para manejarse con la crisis apestaban tanto a totalitarismo que fueron rápidamente modificadas. Bajo la intensa presión de los cabilderos, esas propuestas fueron reformuladas como "una clara victoria para las instituciones más importantes en el sistema... un modo de descargar bienes sin tener que fracasar o cerrar". De esa manera fue descrito por James G. Rickards el paquete de rescate federal del fondo de inversiones Long Term Capital Management en 1998. La idea era hacernos recordar que estamos pisando un territorio familiar.

Los orígenes inmediatos de la crisis actual reposan en el colapso de la "burbuja" de la vivienda supervisada por el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan.

Esa burbuja sostuvo a la afligida economía durante los años de Bush por medio de un gasto del consumidor basado en deudas y préstamos del extranjero.

Pero las raíces son más profundas. En parte radican en el triunfo de la liberalización de los mercados de toda tutela gubernamental en los últimos 30 años. Estos pasos incrementaron de manera previsible la frecuencia de malas inversiones, que ahora amenazan con producir la peor crisis desde la Gran Depresión. También de manera predecible, los sectores que cosecharon enormes ganancias con la liberalización están pidiendo ahora masivas intervenciones estatales para rescatar las instituciones financieras que se han derrumbado.

Este tipo de intervencionismo es una pauta regular del capitalismo de Estado, aunque la escala de hoy en día es inusual. Un estudio de los economistas Winfried Ruigrok y Rob van Tulder efectuado hace 15 años determinó que al menos 20 empresas en la lista Fortune 100 no habrían sobrevivido de no haber sido rescatadas por sus gobiernos respectivos. También, señalaron Ruigrok y Van Tulder, muchas empresa del resto lograron ganancias sustanciales al demandar que los gobiernos "socializaran sus pérdidas", como en el actual rescate financiado por los contribuyentes.

Este tipo de intervenciones del Gobierno "ha sido la regla en vez de la excepción durante los dos siglos pasados", concluyen los economistas.

En una sociedad con funcionamiento democrático, una campaña política incluiría este tipo fundamental de temas. También se propondrían los medios por los cuales los habitantes del país que sufren las consecuencias puedan tomar un control efectivo.

El mercado financiero "ofrece poca atención al riesgo" y es "sistemáticamente ineficaz", señalaron los economistas John Eatwell y Lance Taylor hace una década.

Eatwell y Taylor advirtieron sobre los peligros extremos de la liberalización financiera. También reseñaron los costos sustanciales en los que ya se había incurrido y propusieron soluciones, que han sido ignoradas. Un factor es el fracaso en calcular los costos de quienes no participan en las transacciones. Ignorar el riesgo sistemático conduce a más tomas de riesgos de las que tendrían lugar en una economía eficaz.

La tarea de las instituciones financieras es tomar riesgos, y si son bien administradas, asegurar que las pérdidas potenciales sean cubiertas por ellas mismas. El énfasis está en el "por ellas mismas".

La liberalización financiera tiene efectos mucho más allá de la economía. Pues es un arma poderosa contra la democracia. Un movimiento libre del capital crea lo que algunos han denominado un "Parlamento virtual" de inversionistas y prestamistas, que supervisan muy de cerca los programas del Gobierno y "votan" contra ellos si son considerados irracionales: en beneficio del pueblo, no para favorecer el poder privado concentrado. Los inversionistas y los prestamistas pueden "votar" por medio de la fuga de capitales, de los ataques a las divisas y de otros recursos ofrecidos por la liberalización financiera. Esa es una de las razones por las cuales el sistema Bretton Woods establecido por Estados Unidos y Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial instituyó control de capitales y divisas reguladas.

La Gran Depresión y la guerra despertaron poderosas corrientes democráticas radicales, abarcando desde la resistencia antifascista hasta la organización de la clase trabajadora. Estas presiones hicieron necesario crear políticas socialdemócratas. El sistema Bretton Woods fue diseñado en parte para crear un espacio destinado a la acción gubernamental en respuesta a la voluntad pública. Es decir, para ofrecer alguna medida de democracia.

John Maynard Keynes, el negociador británico, consideró que el logro más importante de Bretton Woods fue establecer el derecho del Gobierno para restringir el movimiento de capital. En dramático contraste, en la fase neoliberal después del colapso del sistema Bretton Woods en la década del setenta, el Tesoro de Estados Unidos considera ahora la movilidad libre del capital un "derecho fundamental", a diferencia de los supuestos "derechos" tales como los garantizados por la Declaración Universal de Derechos Humanos: salud, educación, empleo decente, seguridad y otros que las administraciones de Ronald Reagan y Bush han considerado "cartas a Santa Claus" o "absurdos" y simples "mitos".

Con la radicalización del público en general durante la Gran Depresión y la guerra antifascista, se hicieron campañas vigorosas contra la riqueza que se hallaba en manos privadas. Por lo tanto, en el sistema Bretton Woods, "los límites sobre la movilidad de capital (...) fueron una fuente de aislamiento de las presiones del mercado".

El corolario obvio es que tras el desmantelamiento del sistema, luego de la guerra, la democracia ha sido restringida. Por lo tanto, ha sido necesario controlar y marginalizar al público. Esos procesos son muy evidentes en sociedades manejadas como si se tratase de empresas. Es el caso de Estados Unidos. Una demostración es el manejo de las extravagancias electorales por parte de la industria de las relaciones públicas.

"La política es la sombra que los grandes negocios arrojan a la sociedad", concluyó John Dewey, el principal filósofo social del siglo XX en América. Y así continuará siendo, mientras el poder resida en "el control privado de la banca, la tierra, la industria, reforzada por el mando de la prensa, los agentes de la prensa y otros medios de publicidad y propaganda".

Estados Unidos tiene efectivamente un sistema unipartidista. Se trata del partido de los negocios, que cuenta con dos facciones, los republicanos y los demócratas. Hay diferencias entre ellos. En su estudio Une qual Democracy: The Political Economy of the New Gilded Age, Larry M. Bartels muestra que durante las pasadas seis décadas "los ingresos reales de las familias de la clase media han crecido el doble bajo los demócratas que bajo los republicanos". Por otra parte, "los ingresos reales de las familias trabajadoras pobres han crecido seis veces más durante los demócratas que bajo los republicanos".

Las diferencias también pueden ser detectadas en las elecciones actuales. Los votantes deben considerarlas, pero sin tener ilusiones sobre los partidos políticos. También deben tomar en cuenta que durante siglos, la legislación progresista y el bienestar social han sido ganados por medio de luchas populares, no por regalos desde arriba.

Estas luchas siguen un ciclo de éxitos y retrocesos. Ellas deben ser proseguidas cada día, no solamente una vez cada cuatro años.

El objetivo es crear una sociedad democrática que ofrezca respuestas genuinas, desde la urna electoral hasta el lugar de trabajo.

30 agosto 2008

Eduardo Galeano: Olimpiadas


A los griegos les encantaba matarse entre sí, pero además de la guerra practicaban otros deportes. Competían en la ciudad de Olimpia, mientras las olimpiadas ocurrían, los griegos olvidaban la guerra por un rato

Todos desnudos: los corredores, los atletas que arrojaban la jabalina y el disco, los que saltaban, boxeaban, luchaban, galopaban o competían cantando. Ninguno llevaba zapatillas de marca, ni camisetas de moda, ni nada que no fuera la propia piel brillosa de ungüentos.

Los campeones no recibían medallas. Ganaban una corona de laurel, unas cuantas tinajas de aceite de oliva, el derecho a comer gratis durante toda la vida y el respeto y la admiración de sus vecinos.

El primer campeón, un tal Korebus, se ganaba la vida trabajando de cocinero, y a eso siguió dedicándose. En la olimpiada inaugural, él corrió más que todos sus rivales y más que los temibles vientos del norte.

Las olimpiadas eran ceremonias de identidad compartida. Haciendo deporte, esos cuerpos decían, sin palabras: Nos odiamos, nos peleamos, pero todos somos griegos. Y así fue durante mil años, hasta que el cristianismo triunfante prohibió estas paganas desnudeces que ofendían al Señor.

En las olimpiadas griegas nunca participaron las mujeres, los esclavos ni los extranjeros.

En la democracia griega, tampoco.

(Tomado del más reciente libro de Eduardo Galeano, Espejos: Una historia casi universal, publicado este año. El escritor uruguayo explica la razón de esta obra, imagen en el espejo de la Historia: «Este libro ha sido escrito para que no se vayan. En estas páginas se unen el pasado y el presente. Renacen los muertos, los anónimos tienen nombre: los hombres que alzaron los palacios y los templos de sus amos; las mujeres, ignoradas por quienes ignoran lo que temen; el sur y el oriente del mundo, despreciados por quienes desprecian lo que ignoran; los muchos mundos que el mundo contiene y esconde; los pensadores y los sentidores; los curiosos, condenados por preguntar, y los rebeldes y los perdedores y los locos lindos han sido y son la sal de la tierra».)

25 julio 2008

Controvertido pasado de George W. Bush



Por: Cd. Juárez Chih
Del Libro de Kitty Kelley Proces

George W. Bush estaba decidido a ir a Yale. La larga lista familiar de ex alumnos recorría cuatro generaciones hasta llegar a su tatarabuelo, el reverendo James Smith Bush (curso de 1844).


A su abuelo Prescott, cuya
devoción hacia aquella escuela jamás flaqueó, se le conocía en el campus como el senador de Yale. Como miembro de la Yale Corporation durante 12 años, socio del Calhoun College de Yale y miembro de la Junta para el Desarrollo de dicha universidad, Prescott podía tocar las teclas adecuadas para conseguir la admisión de su nieto.


—Yale no es una opción, es un compromiso, George. ¿Sabes qué significa esto?


"Creo que sí, senador", respondió el nieto, a quien no se permitía dirigirse a su abuelo llamándole de otra forma.


Significa mantenerse fiel a algo sin que importe en realidad a qué.


Prescott señaló el plato del des
ayuno del joven.


—Es la diferencia –dijo– entre el jamón y los huevos. El pollo está involucrado; el cerdo, comprometido.


Después de aquella visita a su abuelo, el joven George volvió al Colegio Andover y habló con el decano. Se le dijo que sus mediocres califi
caciones tal vez no satisfacieran los rigurosos requisitos de Yale. El decano sugirió a George que escribiera a otras dos universidades alternativas. George escribió: "(1) Yale, (2) Yale, (3) Yale". Para curarse en salud, presentó una solicitud en la Universidad de Texas, aunque sólo porque el decano insistió. El historial del colegio secundario de George –que nunca permitió publicar, era problemático, y no sólo por falta de notas destacadas. Durante sus años en Andover (1961-1964), colgó una gran bandera confederada en la pared de su habitación, para dejar constancia de que los escasos estudiantes negros no eran bienvenidos. Este acto flagrante de racismo fue tolerado por la escuela, especialmente si se trataba del hijo de George Herbert Walker Bush, uno de sus más apreciados ex alumnos.


George Herbert Walker Bush, que permaneció en el Consejo de Administración de Andover de 1963 a 1979, tuvo que interceder en más de una ocasión por sus descarriados hijos. Jeb (actual gobernador de Florida) tuvo que repetir noveno curso cuando entró en Andover procedente de la escuela Kinkaid en 1967.


Posteriormente infringió la prohibición de tomar bebidas alcohólicas y fue expulsado temporalmente, pero se le readmitió más tarde después de la mediación de su padre. (…) El hermano de Jeb, Marvin, entró en Andover en 1971 y también tuvo que repetir noveno curso. Un año después, sorprendieron a Marvin drogándose con unos amigos. Expulsaron a los amigos, pero en el caso de Bush, papá intercedió de nuevo.


George fue admitido en Andover en 1961 como alumno de décimo grado, lo que el colegio denominaba entonces un "medio bajo". George luchó por la supervivencia desde el instante en que entró en aquel colegio. Trabajó para alcanzar los requisitos básicos del título (…) Si bien 110 alumnos de su curso, compuesto por 290, entraron en el cuadro de honor, George no alcanzó nunca esta distinción. Acabó la secundaria como uno de los últimos de la clase.



"George sacaba unas notas más o menos como las mías, aprobados pelados —comentaba J. Milbourn 'Kim' Jessup—. Pasábamos por los pelos, pero los dos llegamos a Yale porque éramos vástagos de padres de Yale".


Muchos del curso de 1964 recuerdan Andover como un lugar austero, deprimente y desalentador. (…) Pero Bush "recurría a su audacia y su desfachatez para distraernos —comentó Torbert MacDonald—. Era un tipo gregario, rayano en la tontería. Muy bromista, aunque sin mala intención. Le daba igual ser el hazmerreír de todos con tal que la gente estuviera contenta. Necesitaba un público que le admirara. Tenía poco respeto por la autoridad, de modo que no le daba miedo protestar. Le llamábamos "El Descarado".

(…) Después de salir airoso de And
over, George pensó que se había ganado el derecho de ir a Yale. A pesar de su expediente "nada destacable" y de su justísima puntuación (1.206), pasó a ser beneficiario de sus enchufes familiares. (…) Fue aceptado en Yale en el curso de 1968, y no se disculpó ante nadie por su buena estrella. Es más, torcía el gesto ante la "arrogancia intelectual" de quienes le menospreciaban por ser hijo de quien era.


(En Yale) "todos seguimos devanándonos los sesos con la historia de George —afirmaba Ken White (Yale, 1968) en 2003—. Sobre todo los que estábamos en la misma asociación de estudiantes que él. Realmente era el último que habría imaginado ver en la Casa Blanca. Tal vez Strobe Talbott o John Kerry, unos años mayor que nosotros, o incluso Joe Lieberman, del curso de 1964. Pero no George. Nunca. Mi esposa aún le recuerda berreando borracho una noche en una fiesta de la asociación DKE, sin pareja, haciendo el alligator, una especie de baile de la época en el que te echabas al suelo y empezabas a revolcarte. Realmente cuesta ver a un tipo así dirigiendo el cargo más importante del país".



Las historias de las escapadas alcohólicas de George en Yale llegaron hasta su antiguo círculo de Andover. En Harvard, Torbert MacDonald escuchó compungido anécdotas sobre su antiguo amigo, cuyo comportamiento sintonizaba tan poco con los tiempos que corrían como sus juergas estudiantiles. "Pobre Georgie —dijo MacDonald—. Ni siquiera podía relacionarse con las mujeres a menos que estuviera borracho. (…) Circulaban demasiadas historias sobre él en las que caía completamente beodo en sus citas".


Las drogas


Beber era algo que en Yale se daba por supuesto, y hacia 1966, las drogas se habían añadido al cóctel. "Para entonces la marihuana ya había aparecido en el campus —comenta Christopher Byron—. Luego llegaron las droga de todo tipo. Estaban por todas partes".


Un estudiante del curso de 1968 admitió años más tarde haber vendido cocaína a George W. Bush en su época de
Yale. Confió su participación en la transacción de la droga a la escritora Erica Jong en 2001; confirmó dicha venta en 2002 solicitando confidencialidad.


"No pueden utilizar mi nombre —dijo— porque estamos hablando de un delito grave. Por otra parte, de eso hace muchos, muchísimos años, y el tipo ese ahora es presidente de Estados Unidos".


Otro estudiante, de la Yale 's Graduate School (Máster en Bellas Artes, 1965), recordaba "haber aspirado coca" con George, aunque no permitió que se utilizara su nombre por miedo a represalias. Dicha persona, de clase acomodada y que vivía en la costa Oeste, afirmó que no le parecía bien "divulgar lo de George, porque yo hacía lo mismo"



Años más tarde,


Sharon Bush, cuñada de George, pretendía que W. había aspirado cocaína con uno de sus hermanos en Camp David en la época en que su padre era presidente de Estados Unidos. "Y no una sola vez —dijo—, sino muchas."

George nunca negó haber comprado, vendido o consumido drogas. En 1999 juró a unos cuantos de sus partidarios políticos clave que nunca había consumido "drogas duras", refiriéndose a que nunca se había inyectado heroína. Cuando se presentó para el cargo nacional, procuró que su respuesta encajara en las pautas federales respecto a las autoridades públicas. "Tengo entendido que —declaró a The Dallas Morning News en 1999— el impreso actual del FBI formula la siguiente pregunta: "¿Ha consumido usted drogas en los últimos siete años?". Yo respondería con mucho gusto a la pregunta, y la respuesta es: No". Y se negó a responder a más preguntas.


"¡Qué demonios! Lo preocupante no es su consumo de sustancias estupefacientes sino su frivolidad —dijo Tom Wilner (Yale, 1966) —. Que se aprovechara del nombre de su familia es comprensible. Eso lo hacen muchos. Pero Georgie, como le llamábamos entonces, no tenía la menor curiosidad intelectual por ningún tema. No le interesaban las ideas, los libros o las causas. No viajaba; no leía los periódicos; no veía los informativos; ni siquiera iba al cine. (…) Me deja atónito que alguien pueda salir de Yale sin el menor interés por nada del mundo que no sea la bebida y el deporte. (…) Es un tipo que no tiene idea de las cuestiones complejas. (…) Es un fanático simplón y, ¡que Dios nos coja confesados!, ahora es quien tiene el dedo sobre el botón."


Fraude militar


George Herbert Walker Bush apoyó con entusiasmo que se enviaran a los hijos de los demás a Vietnam, pero no al suyo. En 1968 se aseguró de que su primogénito no fuera reclutado. Lo hizo con una llamada a Sidney Adger, un empresario de Houston y amigo de la familia Bush. Adger llamó a Ben Barnes, presidente de la Cámara de Representantes de Texas, y Barnes a su vez llamó al jefe de la Guardia Nacional de Texas, brigadier general James Rose. Este llamó al comandante en jefe de la unidad, teniente coronel Buck Staudt.


En febrero de 1968, el joven George, que cursaba el último año en Yale, se presentó a una prueba de admisión para oficiales de la fuerza aérea. "No estaba dispuesto a perforarme un tímpano de un escopetazo para conseguir la baja —dijo—. Tampoco quería ir a Canadá. Por lo tanto escogí mejorarme a mí mismo aprendiendo a volar".


Aprobó la prueba de aptitud para piloto con la nota más baja. Sin embargo, gracias a la influencia de su padre, lo aceptaron en las fu
erzas aéreas de la Guardia Nacional el 27 de mayo de 1968, y se convirtió en miembro del 147º Escuadrón de Combate, conocido como la "Unidad Champán", porque incluía a los hijos de Lloyd Bentsen y John Connally, y a varios de los Dallas Cowboys.


George juró cumplir dos años de servicio activo, más cuatro años en la reserva, lo cual significaba volar un fin de semana por mes y pasar dos semanas en un cuartel cada verano.


(…) Más tarde algunos puntos de la hoja de servicio de George W. Bush fueron motivo del interés público, en particular los dos últimos años, cuando voló esporádicamente. En ellos, hechos públicos en el año 2000, no hay ningún expediente de ninguna unidad de la Guardia Nacional donde se diga que George W. Bush se presentó en el período de mayo de 1972 a mayo de 1973 para los vuelos de fin de semana, el entrenamiento militar de verano o los ejercicios requeridos a los guardias a tiempo parcial.



El primer teniente retirado Robert A. Rogers, un veterano con 11 años de servicio en las fuerzas aéreas de la Guardia Nacional , manifestó que "la falta de castigo por su mala conducta representa la culminación de una carrera militar distinguida sólo por el favoritismo. Bush tuvo una hoja de servicios intachable hasta el 17 de abril de 1972. Fue incluso el chico de los carteles de la Guardia Nacional de Texas por ser su padre quien era.


"Pero después desapareció. No se presentó en ninguna de las unidades donde se le esperaba desde el 17 de abril de 1972 al 28 de mayo de 1974. Se largó sin más. Como consecuencia fue objeto de una sanción disciplinaria y alargaron en otros seis meses el plazo durante el que se le podía llamar al servicio activo en el ejército. Esto es muy serio en tiempo de guerra."


(…) George se licenció finalm
ente de la reserva en noviembre de 1974, seis años y seis meses después de ingresar en la Guardia Nacional. La pena de seis meses nunca apareció publicada en los periódicos, pero nadie comprendió que un día él estaría mandando al combate a tropas norteamericanas para hacer lo que él no había hecho: convertirse en carne de cañón.


Para el momento en que estaba preparado para presentarse como candidato presidencial, su expediente médico militar había sido sellado por razones privadas, y las mentiras de la familia Bush se habían consolidado para dar la base de credibilidad que necesitaba para enviar a las tropas norteamericanas a la guerra.


Después de graduarse en Yale en 1968, George se presentó en la base aérea de Ellington en Houston, y luego hizo las seis semanas de entrenamiento básico de aviador en la base de Lackland en San Antonio. Cuando acabó en septiembre de 1968, lo hizo con la graduación de subteniente. Regresó a Ellington, donde las fuerzas aéreas de la Guardia Nacional de Texas organizaron una ceremonia esp
ecial para que el congresista Bush se hiciera la foto dándole las barras de subteniente a su hijo. "Es así como hacen las cosas: con mucho bombo y platillo, sobre todo porque era el hijo de un congresista. Eso era muy importante para la Guardia Nacional ", declaró el brigadier general John Scribner, director del Museo de las Fuerzas Armadas de Texas en Austin.


George recibió la graduación sin siquiera asistir a la Escuela de entrenamiento de Oficiales. Con la graduación en la mano, George p
asó al servicio inactivo en septiembre de 1968 para trabajar en la campaña política del amigo de su padre, el representante Edward Gurney, candidato republicano al Senado por el estado de Florida.

El subteniente Bush volvió al servicio activo en la base aérea de Moody en Valdosta, Georgia, donde aprendió a volar en el T-38 Talo
n. George recibió las alas de plata en diciembre de 1969 y regresó a Ellington, donde aprendió a pilotar el caza supersónico F-102 Delta Dart, llamado "el Voodoo", que iba armado con misiles.


El 24 de marzo de 1970 la Guardia Nacional envió un comunicado de prensa a los periódicos de Houston, donde alababa a su "primer estudiante local" como un soldado y un ciudadano ejemplar: "George Walker Bush es un miembro de la joven generación que no se coloca con marihuana, hachís o speed. Oh, sí, desde luego que se coloca, pero no con drogas… En lo que a él se refiere, el teniente Bush se coloca con el e
struendo del motor de su F- 102" .


Tres meses más tarde la Guardia Nacional facilitó otro comunicado de prensa cuando George acabó la escuela de entrenamiento. La oficina de prensa incluyó una foto de George con su padre y otra del congresista Bush estrechando la mano del oficial al mando, Buck Staudt. En julio de 1970, se divulgó otro comunicado cuando George terminó su período en la base aérea de Tyndall en Florida y disparó un misil con su F-102. El día de las elecciones en noviembre de 1970, antes de que cerraran los colegios ele
ctorales, la Guardia Nacional difundió otro comunicado para anunciar los ascensos de George W. Bush y Lloyd Bentsen III a primer teniente, mientras Bentsen padre derrotaba a George padre.


Hacía horas con la Guardia Nacional , pero no las suficientes para cumplir con las fijadas. Para abril de 1972, iba muy retrasado. Aquel mismo mes, las fuerzas aéreas comenzaron a realizar controles de drogas al azar, y por lo tanto se le podía pedir a cualquier piloto o mecánico que se sometiera en el acto a una análisis de sangre, orina, o a un examen de las fosas nasales. El 17 de abril de 1972 George W. Bush hizo el último vuelo del que se tiene constancia antes de desaparecer de los archivos oficiales hasta octubre de 1972.



A principios de los setenta, los Bush, como otras familias, se enfrentaron al azote de las drogas y la adicción al alcohol. En una fecha tan cercana como 2003, uno de los hermanos menores de W., Marvin, conseguía recetas de narcóticos ilegales de un dentista llamado Denis Peper. El dentista le dijo a un amigo íntimo que le daba recetas ilegales a Marvin. La Mancomunidad de Virginia le retiró la licencia a Peper el 17 de octubre de 2003. Si bien no hay pruebas de que George W. Bush fuese ingresado para someterse a una cura, se produjo una duda lógica después de que no se presentara en 1972 para la revisión física anual de la Guardia Nacional y que se le impidiera volar. Esto planteó la posibilidad de que hubiese sido denunciado por consumo de drogas y, si había sido así, hubiera sido sancionado o sometido a tratamiento. Dicha información debería figurar en el informe de la Flight Inquiry Board (Junta para la Investigación sobre Vuelos) encargada de la revisión oficial de las razones para la suspensión y quien luego determina la acción apropiada. El informe de la Flight Inquirí Board ha desaparecido de los expedientes militares de George W. Bush que fueron hechos públicos en 2000 de acuerdo con la Ley de Libertad de Información y de los expedientes entregados por la Casa Blanca en 2004.


"El hecho de que Bush 'no se presentara a la revisión médica anual', como reza en el expediente, no pudo ser casual o accidental —afirmó el primer teniente retirado Robert Rogers—. Hay pruebas circunstanciales que señalan que Bush consumió drogas durante este período… ¿Es ilógico plantear la posibilidad de que se le impidiera volar como consecuencia directa o indirecta del consumo de drogas? Podría serlo si Bush no tuviese manera de demostrar su inocencia. Pero George W. Bush se puede defender perfectamente, si quiere, con sólo entregar voluntariamente todos sus expedientes militares, algo que se ha negado a hacer."


Bill L. Burkett, un oficial de planes estatales retirado de la Guardia Nacional de Texas, afirmó que en 1997 habían "limpiado" los archivos de la Guardia Nacional de Texas por orden de los asesores del entonces gobernador Bush para protegerlo. Burkett dijo que estuvo presente cuando ciertos miembros de la plana mayor de Bush se pusieron en contacto con la Guardia Nacional. Identificó específicamente a Dan Bartlett, que entonces era el enlace del gobernador con la Guardia Nacional de Texas. Burkett manifestó que, después de la llamada de Bartlett al comandante general Daniel James III, los documentos fueron destruidos. James era el general adjunto para el estado de Texas en aquel momento y negó las alegaciones de Burkett. El 3 de junio de 2002, el presidente George W. Bush lo nombró director general de las fuerzas aéreas de la Guardia Nacional.


En la primavera de 1972, George W. comenzó a vivir lo que más tarde describiría como sus "años de nómada". Al ver que iba a la deriva, su padre intervino de nuevo para conseguirle otro empleo con Jimmy Allison, que dirigía la campaña del republicano Winton "Red" Blount para el Senado en Alabama contra el senador demócrata John Sparkman.


Aquellos que trabajaron con George en aquel tiempo lo recuerdan como un bebedor social amable, que se comportaba como si fuese mucho más joven de los 26 años que tenía. Mencionaron que le gustaba beber cerveza y whisky Jim Beam, y que comía cacahuetes a puñados y hamburguesas en el Cloverdale Grill en Birmingham. También dijeron que George se escapaba por la puerta trasera para fumarse un porro o que iba al baño para esnifar una raya de coca. George, según los recuerdos de otros, solía llegar tarde al trabajo, "sobre el mediodía", entraba en el despacho, plantaba las botas vaqueras sobre la mesa y comenzaba a fanfarronear de lo mucho que había bebido la noche anterior.


Como "reservista obligado" en 1972, George debía continuar con su servicio en la Guardia Nacional con independencia del lugar donde residiera. Semanas después de desplazarse a Alabama, solicitó el traslado desde Texas a un escuadrón de la reserva aérea en Montgomery, pero la solicitud fue rechazada. El escuadrón de Alabama no volaba ni efectuaba entrenamientos. Esto dejaba a George sin una unidad de la Guardia Nacional en Montgomery. Así que no hizo nada durante los meses de mayo, junio, julio y agosto de 1972.

Bush sabía que no podría volver a volar hasta que se sometiera a la revisión médica, así que solicitó el traslado y cambio de obligaciones para septiembre, octubre y noviembre de 1972 al 187º Grupo de Reconocimiento Táctico en Montgomery. Le concedieron el permiso y le ordenaron presentarse al teniente coronel William Turnipseed. Pero George nunca se presentó

Continuara...


28 mayo 2008

El séptimo arte pierde a una de sus glorias, Sydney Pollack

Washington, 27 may (PL) El séptimo arte llora hoy a una de sus glorias, el realizador estadounidense Sydney Pollack, quien falleció a los 73 años dejando atrás una amplia filmografía con títulos memorables como Tootsie y Out of África.
Pollack murió la víspera en su casa de Los Ángeles, en California, rodeado de familiares y amigos.
Según su portavoz, Leslee Dart, el cineasta se vio obligado a abandonar hace 10 meses la filmación de la película para la televisión Recount, afectado por el cáncer.
El proyecto, que finalizó su colega Jay Roach, trata sobre el cuestionado recuento de votos en Florida durante la elección presidencial estadounidense de 2000, que favoreció a George W. Bush.
Nacido el 1 de julio de 1934, Sydney Pollack dedicó más de 50 años de su vida a su mayor pasión, el cine, desde que debutará en 1965 con la cinta The slender thread.
Nominado en 11 ocasiones al premio Oscar, lo mereció solo una vez por Out of África (Memorias de África), que protagonizaron Meryl Streep y Robert Reford. Con Reford trabajaría en siete oportunidades más.
También dirigió a otras personalidades de Hollywood como Jane Fonda, Barbra Streisand, Paul Newman y Sidney Portier.
Con su muerte el cine pierde hoy a otra de sus grandes figuras.